lunes, 17 de junio de 2013

El Hechizo de Aquila. Capítulo 1



Nota: Los personajes y lugares reales dentro de la historia, han sido utilizados y colocados dentro de una historia con personajes, lugares y situaciones ficticias. Cualquier parecido a la realidad es coincidencia.



Prólogo

Provincia de Padua, Italia. 1,233.
La típica fiesta de los nobles. Vino, manjares  y música. Caballeros ansiosos y lujuriosos y damiselas vírgenes, casaderas, listas para calentar la cama aunque no quieran. El rey Andrés II de Hungría de 58 años y perteneciente a la casa de Árpad, puso sus ojos es una joven que podría ser su hija, Beatriz de Este, noble italiana de 23 años a la que haría no solo su mujer sino también reina consorte de Hungría. En esa fiesta la joven Isabella de Árpad sobrina nieta del rey conoció al duque Ethien Di Lucca y desde ese momento sus vidas y destino se unieron. El poco tiempo bastó para enamorarse el uno del otro, visitas furtivas y cartas de amor endulzaron la estadía de los amantes, pero debido a intereses políticos tuvieron que mantener su amor en secreto, sin imaginar que no serían los problemas monárquicos ni las guerras lo que los separaría, sino algo peor. Isabella vivía en Aquila junto con su madre y dos hermanos más, pero la distancia no impedía apagar el fuego que sentía por Ethien quien no solo le demostró sus sentimientos personalmente, sino que mantenía esa llama ardiente a través de las letras. Él era un noble de la provincia de Lucca en la Toscana, así que eran muchos los kilómetros que los separaban y solo su intenso amor los mantenía unidos. Ante los tiempos más oscuros, su amor sería puesto a prueba.



Capítulo I

Aquila, Abruzos, Italia. Mayo 1,234.
“Mi amada Isabella
Te escribo estas líneas desde bajo la luz de una vela y bajo un cielo bellamente estrellado que me cobija. Veo la luna por mi ventana y solo pienso en ti, imagino tenerte a mi lado, abrazarte, besarte, acariciarte y hacerte mía. No sabes cuánto te quiero y anhelo que llegue el día en que te convierta en mi esposa. Por ahora no podrá ser posible pero te prometo que ese día llegará y nada podrá impedirlo. Desde que nos separamos la última vez no he hecho otra cosa más que pensar en ti día y noche, sueño con tu belleza, con tu dulzura, con el aroma de tu piel y con la suavidad de tus labios, no sabes cómo deseo…”
Las palabras que la joven leía le habían encendido la piel. Nunca nadie le había hablado de esa manera, pero al estar enamorada todo lo que provenía de su amor era música para ella. De otra manera estuviera aterrada y sintiendo repulsión sabiendo lo que le esperaba, obviamente era virgen y se guardaba celosamente solo para él. La carta que leía le despertaba emociones y sensaciones que solo con él sentía y anhelaba el día en que se convirtiera en su mujer, en todos los sentidos.
—Isabella ¿Me estás escuchando? —dijo la voz de una mujer.
La hermosa joven de piel blanca y cabellos oscuros perdía la mirada observando el horizonte por su ventana. Al oír la voz de su madre guardo la carta ruborizada, no podía permitir que la leyese, no era apropiado. Su mente pura y casta había sucumbido al encanto de su amado y el placer que sentía al leerlo no podía describirlo y mucho menos hablarlo. Deseaba con todas sus fuerzas experimentar cada palabra escrita por él las cuales eran más que una caricia para ella. Había conocido a un apuesto noble y estaba sumida en sus pensamientos, recordando al joven que le había robado el corazón.
—Hija ¿Me asustas te sientes bien?
Sí mamá, perdón. Estoy muy bien.
—Te noto inquieta.
—No, no es nada, es solo que lo extraño.
—Y no puedes disimularlo. Desde que lo conociste, parece que caminas en las nubes.
—Así es mamá. No puedo ocultarlo.
—Te decía que acabo de recibir carta de tu tío Bela, no son gratas noticias, mi tío Andrés se acaba de casar y la relación entre ellos ha empeorado, la joven es cinco años mayor que tú.
—Mamá no te metas en esos asuntos, las cosas podrán ser peores y es mejor mantenernos al margen, esa es decisión del tío abuelo.
—Pero sí que es el colmo, es treinta año menor que él y…
—Ya mamá, por favor, pobre chica.
—Tienes razón cariño, no me voy a amargar por eso, además la joven es italiana también y no tengo que olvidar que nosotras estamos en su país. Ojalá y la traten bien como extranjera, especialmente tus tíos y Bela principalmente, que se enoja con mucha facilidad.
—Como príncipe heredero es lógico que no le haga gracia, además recuerda que el tío abuelo se prendió de ella en aquella fiesta, pero ya no quiero que hablemos de eso.
—Está bien, además no es de ella de quien quiero hablar, sino de ti.
—¿De mí?
—Sí. Ya tienes diecinueve años y creo que es tiempo de…
—No mamá, ni siquiera lo pienses, no más pretendientes, tú sabes que mi corazón ya tiene dueño.
—Pero ese joven apenas se aparece y…
—Mamá, no me importa que sus ocupaciones lo mantengan alejado. Recuerda que no solo es noble, sino también capitán, mi duque Ethien Di Lucca es el único hombre para mí y no habrá otro.
—Solo espero que no te haga esperar mucho y se casen pronto.
—Así será mamá, eso espero yo también, pero por favor, no lo comentes con nadie. Es mejor que las cosas se den por si solas.
—Hija, no me gusta que mantengas en secreto una relación.
—Solo hasta que todos estos conflictos acaben.
—Está bien, veremos cómo termina tu cuento de hadas.
—Pues como debe de terminar, me caso con mi príncipe, me lleva  a su castillo y vivimos felices para siempre.
—Ay hija, que sencillo ves todo.
—Soy optimista mamá, prefiero serlo. Prefiero reír que llorar y fulminar con su recuerdo y su cariño esta horrenda distancia que nos mina. Lo extraño mucho y espero que pronto regrese.
—Yo también lo espero, pronto serán las fiestas religiosas y espero que esté aquí para esas fechas.
—Lo deseo con toda el alma –dijo la joven volviendo su mirada al horizonte con la nostalgia y el recuerdo de su amor.
Lo que no sabía, era que la sombra oscura del obispo de Aquila estaba sobre ella. Desde que la conoció se había enamorado de ella y su amor enfermizo desencadenaría una tragedia que nadie se imaginaba. Todos los habitantes de Aquila lo veneraban y respetaban como el sumo pontífice de la región y como era obvio, lo creían un hombre de Dios casto y puro, pero su corazón era ambicioso, lujurioso y lleno de maldad. Además guardaba con recelo su mayor secreto, su relación con las tinieblas. Los poderes oscuros con los que había sido embestido al haber vendido su alma haciendo un pacto con el diablo, era su mayor fuerza y había jurado tener el amor de la joven Isabella de Árpad a cualquier precio.

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